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Los niños del sueño

La veía cómo se secaba el pelo con una toalla y se agitaba de aquí para allá mientras me hablaba del otro lado de la pantalla. Tenía que ir a la farmacia. Enseguida. No podía esperar. Me miraba como suele hacerlo, como si yo pudiera leer en sus ojos todo lo que le había pasado y quería contarme. Era urgente que fuera a la farmacia antes de que cerrara a buscar un medicamento que debía tomar. Se estaba secando el pelo lo más rápido posible para ir. Me pedía que me quedara acá, de este lado de la pantalla, todo el tiempo que ella fuera y volviera, que no sería mucho, cinco minutos dijo, porque era urgente y luego me contaría. Dijo algo de una crisis psicótica el domingo y yo até cabos: me había llamado dos veces el domingo a las siete de la mañana. Era eso. En otros tiempos solía llamarme a veces en momentos imprevisibles pero nunca hasta ese punto. Nunca antes había intentado llamarme a esas horas y menos un domingo. Ahora tenía que ir a la farmacia a comprarse un antipsicótico que le h

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